El feriante

De entre todas las vidas posibles Joaquín Sabina se sentía especialmente atraído por la del pirata cojo, con pata de palo, con parche en el ojo y cara de malo. No es exactamente igual, pero pienso que como gambler itinerante que soy podrían llegar a convalidarme mi profesión con la de pirata; por lo que tengo de viajero y ladrón -todos los jugadores lo somos- no debo de estar muy lejos de los corsarios de antaño. El resto de los oficios que recorre la canción me interesan más bien poco: no me veo de legionario en Melilla, ni de banderillero en Cadiz, ni mucho menos de gitanito en Jerez; tampoco de tahúr en Montecarlo, es un sitio demasiado elegante para mí. De la lista solo salvaría al tabernero de Dublín y quizá también al fotógrafo de Playboy. Nada se dice de los feriantes, ni en esa canción ni en ninguna otra parte. A pesar de estar en todas las partes parecen ser invisibles.

Morpheus fue vendido por el miserable de Cypher al agente Smith. Dos de los villanos más grandes que ha dado el cine en toda su historia aparecen juntos solo unos instantes, en la escena del restaurante, negociando los pormenores de la operación. A cambio de la cabeza de su jefe, Cypher el judas le pidió al hombre de negro ser enchufado de nuevo en Matrix como alguien rico e importante, como un actor famoso creo recordar que dijo.

FerianteDespués de tanto tiempo fuera de Matrix yo ya no estoy seguro de si podría volver algún día, pero por si acaso, por si alguna vez apareciera una puerta abierta, de cuando en cuando me alejo del poker para ponerme en el pellejo de los hombres que me gustaría ser si regresara. Nunca me han seducido el dinero y la fama, no van por ahí los tiros, estoy probando cosas muy distintas en realidad: este fin de semana he sido feriante. Tiene que molar mucho recorrer el mundo de pueblo en pueblo actuando para la concurrencia, divirtiendo al personal con tu música, vendiendo artesanía, comida tradicional, cerveza o turismo ornitológico.

Alguna vez ya he llorado en este blog por lo solitario del trabajo de quien pasa sus días pegado al ordenata sin más compañero de oficina que el ratón. La vida del feriante es todo lo contrario, siempre rodeado de gente. Ha sido una dosis pequeña pero suficiente para confirmar lo que intuía: no me importaría vivir esa vida.

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El barbero pakistaní

Ya tenía un pie y medio dentro de la peluquería cuando la lista de precios del tablón interior, borrosa desde la entrada a ojos de un cegato, empezó a cobrar nitidez. Necesité medio pasito más para descubrir con horror que el corte de pelo en ese templo de la estética me iba a salir por un pico,  por £29,50 concretamente. En aquel punto debí de quedarme paralizado una décima de segundo y acto seguido me marqué un moonwalk que hubiera dejado boquiabierto al mismísimo Michael Jackson resucitado: salí por donde había entrado con estilo, deslizando mis pies hacia atrás pero sin dejar de mirar al frente. Con todos los ojos del local clavados en mí, lógicamente. Por eso siempre digo que la miopía y la discreción resultan incompatibles demasiadas veces.

Ya en la calle me fui torturando un buen rato, llamándome bobo a cada paso por no haber visto antes de entrar que ese sitio era demasiado elegante para un microlimitero como yo. Necesité una pinta de Abbot antes de hacer las paces conmigo por la vergonzosa estampida que acababa de protagonizar. La cerveza siempre ayuda en estos casos, me decía justo lo que yo quería escuchar: que había hecho lo correcto, que habría sido un sinsentido invertir ese dineral en un tío tan feo como yo solo por no quedar mal delante de la gente, que además en un día tan ventoso el peinado habría durado lo mismo que un caramelo a la puerta de un colegio, y cosas así.

MelenasUno le es tan fiel a la peluquera de su barrio como lo son los casados a sus mujeres. Yo lo he sido en todo este tiempo. Bueno, prácticamente, pero bien se pueden perdonar tres canas al aire en cuatro años de exilio laboral ¿no? La primera vez fue en Porto, en una peluquería de la calle en que vivía. Allí, en diciembre de 2013, dejé mis melenas de juventud (algunos mechones los podéis ver en la imagen de archivo que acompaña a estas líneas). La segunda vez fue en Pretoria, en un sitio también muy estiloso, casi tanto como el salón de belleza del centro de Peterborough del que acababa de escapar.

Ayer se consumó la tercera. El medio litro de cerveza me hizo pensar con claridad y comprender que lo que yo estaba buscando no lo iba a encontrar en el centro, entre  las tiendas caras y la beauty people. Caminando por Eastield Road acabé dando con el sitio preciso: por £7 el barbero pakistaní necesitó solo veinte minutos para darme el look exacto para la ocasión. El asunto que me ha surgido este fin de semana requería ciertos cambio de imagen, pedía un look poligonero, de feriante para ser exactos.

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Ely

Pbo_Ely mapTodos los que llevamos algún tiempo por aquí sabemos que es mejor sentarse en el lado derecho del tren que va de Peterborough al aeropuerto de Stansted. ¿La razón? De esa manera puede verse, a medio camino más o menos, la imponente silueta de la catedral de Ely recortando el machaconamente plano horizonte de todo el trayecto. “The ship of the Fens“, así es como la conocen por aquí, y sí que lo parece, se diría que es un barco sobre el único punto destacado entre el mar de lagunas.

Que me perdonen los vecinos de los demás pueblos pero Ely es, de largo, el hito más interesante de todo el camino. Lo es desde la ventanilla del tren y mucho más cuando pones el pie en tierra y recorres el centro histórico de la pequeña ciudad. El otro día estuvimos por allí.

“The Octagon”, la torre octogonal que remata el crucero, vino a reemplazar a la que se derrumbó en 1322 y es considerada un prodigio de arquitectura medieval. Lo cierto es que cuando estás ahí debajo no puedes dejar de mirar hacia arriba preguntándote, mientras te crujen las cervicales, cómo sería posible que hicieran algo así hace setecientos años.

Ely4De vuelta a la estación, ya con el espíritu más elevado, es recomendable ir sin prisa y caminar a lo largo del río. Siempre me había preguntado cómo sería por dentro uno de esos barcos largos y estrechos, y esta vez la casualidad quiso que la patrona de uno de ellos estuviera tomando el sol en la proa. Solo nos dejó asomar un poco la nariz pero fue suficiente para comprobar que por dentro son más grandes de lo que parecen y que están muy bien equipados. Tiene que molar ir recorriendo el país por sus caminos de agua. Quizá en otra vida.

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Sí, tiene usted razón

En mala hora se me ocurrió decirle que yo lo tenía como oficio. En el tiempo que tardó en llegar el autobús desde mi barrio al centro debió de caerme encima del orden de una docena de consejos no pedidos. En España los abuelos le pegan al tute y las abuelas al cinquillo, el Hold’em llegó hace cuatro días como quien dice y es lógico que al sur de los Pirineos no haya octogenarios expertos en la materia con tiempo libre infinito y ganas de asesorar for free. En Inglaterra sí que los hay, puedo dar fe de ello.

En este país el poker en todas sus modalidades tiene mucho recorrido y eso se nota en la media de edad de los aficionados. Juraría que en las timbas del The Ploughman, un pub de Werrington por el que alguna vez me he dejado caer, yo soy el más joven; con eso ya os lo he dicho todo. Aquí el buy-in es de £5, si quieres, y si no también te puedes sentar y participar de balde, sin optar a premios, claro; buen rollito. El primer día que pasé por allí y decidí jugarme los cuartos Phyll me dijo que tenía alma de jugador; no le faltaba razón. A sus casi noventa tacos ella es también una entrañable soul gambler, por eso nos caemos tan bien.

PorretasPero el viejo del bus de entrañable no tenía nada, era más bien cansino y me dio una vara del catorce. ¿Qué podía hacer aparte de darle la razón? Sentado junto a la ventana no tenía escapatoria. Y al tercer “You are right” me vinieron a las mientes los “Sí, tiene usted razón” que el sufrido currante de la construcción le iba concediendo al abuelo que fue pica’or.

Nunca fueron unos superventas precisamente pero Porretas forman parte de la banda sonora de mis años mozos y no puedo evitar tenerles cariño. Si alguno está paseando por Peterborough a estas horas y escucha rock de Hortaleza saliendo por una ventana abierta ya sabe cual es mi casa.

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The Union Jack y la Asociación de Daltónicos de Euskadi

Flags_of_the_Union_JackTres años de idas y venidas a Inglaterra, dos viajes a Escocia y este último hace unos días a Irlanda del Norte y por fin he reunido todas las piezas del puzle para poder entender su bandera. St George’s Cross (Inglaterra) + St Andrew’s Cross (Escocia) + St Patrick’s Cross (Irlanda) = Union Jack (también conocida como Union Flag). El por qué a los galeses no les han dado vela en el entierro lo desconozco. Si alguna vez paso por allí intentaré arrojar luz sobre el asunto. La bandera oficial del Reino Unido es el resultado de la superposición de la cruz de San Jorge y de las aspas (en realidad son aspas y no cruces) de San Andrés y San Patricio. La anexión de Irlanda hace ya más de dos siglos daría lugar a la bandera que ha llegado hasta nuestros días y que todos conocemos.

Un auténtico éxito de diseño que se ha extendido por todos los rincones de planeta sirviendo de patrón en estampados textiles, artículos deportivos, mobiliario y un larguísimo etcétera. El British design ha sido copiado incluso por otras banderas.

Es una conversación que mantengo periódicamente con vizcaínos. Quizá haya sido solo casualidad pero hasta la fecha nunca han sido guipuzcoanos o alaveses mis contendientes: siempre de Vizcaya. Yo jamás les he discutido que los colores de la ikurriña procedan del antiguo escudo de Bizkaia, sin embargo de ahí a decir que su diseño sea original va un trecho. Algunos, normalmente de Bilbao capital, reconocen ciertas similitudes entre la Union Jack y su ikurriña pero le echan la culpa del plagio a los ingleses, lo cual es cronológicamente imposible. Y otros niegan la mayor y dicen que el parecido es inexistente, afirmación esta que la Asociación de Daltónicos de Euskadi se encarga de desmentir año tras año con sus meteduras de pata.

Daltónicos de Euskadi😀

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Irlanda del Norte

Nothern Ireland mapEsos seis condados, pertenecientes a la provincia de Ulster, quedaron bajo control de Londres a partir de los acuerdos alcanzados entre el ejército republicano irlandés y el británico después de la Guerra de Independencia (1919-1921). Y su statu quo ha permanecido inalterado hasta la fecha, por eso el pasaporte de los ciudadanos británicos tiene un nombre tan largo: “United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland“.

Por lo demás, los paisajes del nordeste de la isla son tan esmeralda como el resto. Todo ese verde que se ve en las fotografías está cerca de Ballintoy, en la costa norte. El paraíso de los rumiantes debe ser aquello. Llevaba ya un buen rato apoyado sobre una valla de madera a las afueras del pueblo, pensando en nada y mirando a las vacas como las vacas miran al tren, cuando un paisano pasó por el camino y sin detenerse me dijo que en la isla había más cabezas de ovejas y vacas que de irlandeses. Me lo creí.

Si hubiera tardado un poco más en hacer la foto no habríais llegado a ver las flores amarillas… parece que tenía hambre el animal.

N3Hace un montón de años vi un documental en la tele sobre cierto paraje de este tramo costero que había sido declardo Patrimonio del Humanidad en los años 80. Después llegarían Joyce y sus Dubliners para animarme todavía más a venir por aquí, aunque entonces yo no sabía que Dublín (capital de la República de Irlanda) y las impresionantes columnas de basalto de la Calzada de los Gigantes (Irlanda del Norte) estaban en países distintos a pesar de compartir la misma isla.

The Giant’s Causeway

N8De vuelta a Belfast esta barrera fue lo primero con lo que topé. La fotografía está tomada en la parte donde se recuerda a los miembros caídos del IRA pero los muertos se reparten a ambos lados; de acuerdo con las estadísticas oficiales son más de tres mil quinientos en total entre fuerzas de seguridad estatales, grupos paramilitares y, como siempre sucede, una mayoría de población civil.

Una conversación con un taxista de esa ciudad y la lectura de cuatro pasquines por las paredes no hacen que mi opinión sea precisamente la más autorizada sobre la materia, pero simplemente quería dejar por escrito lo que más me llamó la atención de todas las cosas que aprendí allí: ambas comunidades se reunieron hace dos años para tratar sobre la demolición del muro que los separa y finalmente decidieron que no, que la mole de hormigón y alambre seguía siendo necesaria. Aunque el conflicto está formalmente resuelto desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo en 1998 la tensión aún es evidente y hasta un extranjero puede palparla en según que zonas. Da que pensar que en la Europa del siglo XXI todavía necesitemos muros para no matarnos unos a otros.

Sunday Bloody Sunday es una de mis canciones favoritas de los comienzos de la banda de rock irlandesa más internacional. U2 ha seguido haciendo buenísimos temas hasta la fecha pero en aquellos primeros años The Edge conservaba el flequillo y Bono aún no se consideraba a sí mismo un enviado de Dios en la tierra. Sunday Bloody Sunday habla de la matanza de Derry, una ciudad de Irlanda del Norte a setenta millas al oeste de Belfast. Allí, el 30 de enero de 1972, el ejército británico disparó y mató a catorce manifestantes.

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Irlanda

No es un país grande, en realidad es muy pequeño si hablamos de población y kilómetros cuadrados, pero intentar resumirlo en menos de dos mil palabras sería una temeridad. No es esa mi intención, nunca lo es; los resúmenes se acabaron cuando dejé de tomar apuntes en la facultad y no he vuelto a tener esa tentación. Estructurar contenidos y sintetizar ideas resulta demasiado académico y aburrido para el que escribe y seguramente también para el que lo lee. Supondría la sentencia de muerte para cualquier blog de viajes. Y además la isla de la que acabo de volver no es un lugar que se avenga bien a aproximaciones científicas: demasiado temperamental e impredecible. Razón de más para escribir sobre impresiones y dejar a los expertos los análisis serios.

Seguramente su riqueza y singularidad cultural tenga algo que ver con el hecho de que los romanos y su afán homogeneizador no llegaron nunca hasta aquí. Ha sucedido al contrario, han sido los irlandeses los que han irlandizado el resto del mundo. A mediados del siglo XIX millones de emigrantes expulsados de su tierra por el hambre se encargarían de exportar todo ese patrimonio de raíz celta a países como Estados Unidos o Canada, contribuyendo así a universalizar mitos -ahora se encuentran leprechauns en todas partes- y festividades -pocos rincones quedarán en el planeta que no sean invadidos por calabazas de Halloween la víspera del 1 de noviembre-.

Dublin1Ya lo véis, una isla diminuta en el mapamundi pero extremadamente influyente en términos culturales. Hoy sigue siendo una auténtica fábrica de escritores y músicos sin cuyo legado sería imposible entender la música y la literatura contemporáneas. En la imagen solo aparece un trocito del Wall of Fame de Dublín; tuve que renunciar a U2, Sinéad O’Connor o a mi admirado Van Morrison, entre otros, para fotografiar el  trozo de muro en el que descansa Rory Gallagher. No sé si la cita será apócrifa pero cuentan que una vez preguntaron a Jimi Hendrix qué se sentía al ser el mejor guitarrista del mundo y respondió que él no lo sabía, que le preguntaran a Rory. Todos los amantes del blues y rock que alguna vez hemos tenido una guitarra en las manos, aunque solo haya sido para hacer ruido, le debemos mucho a ese señor. El que se asoma a la ventana superior izquierda, el melenudo de la Stratocaster, ese es Rory Gallagher.

Dublin2La fotografía del Wall of Fame fue la segunda que tomé en la ciudad. La primera fue para ella, para Molly Malone, la pescadera más famosa de Dublin. Debe de haber mil versiones de una canción que se ha convertido en himno extraoficial y quizá la más conocida sea la de The Dubliners, pero a mí la que más me ha gustado es la de O’Connor.

Volver a casa con discos por escuchar, libros para leer y nuevas pelis de cine en tu cartelera mental es seguramente una de las mejores cosas de viajar. Esto ya lo he debido decir unas cuantas veces pero es que de Irlanda la lista que me he traído ha batido todos los récords. Aquí la cultura no es cara, el alcohol sí que lo es. Con las pintas a mitad de precio y un poco más de sol sería el país perfecto para vivir; y aún así me lo estoy pensando…

Podría haber subido cuarenta fotografías en lugar de cuatro y seguirían siendo pocas.  The Famine Memorial, a orillas del río Liffey y cerca ya del puerto, recuerda el éxodo entre los años 1845 y 1849 de los famélicos irlandeses en la que se conoció como Irish Potato Famine. Podéis ver una parte de ese grupo escultórico en la primera de las imágenes que siguen. Sucesivas plagas provocaron la pérdida de cosechas enteras de patata, alimento del que dependía casi por completo la población campesina irlandesa, y ello, unido al control de la tierra agrícola y de los cultivos de cereal por parte de la artistocracia inglesa, desencadenaría el desastre. Muchas cosas cambiarían a partir de entonces, en lo económico y en lo demográfico por razones obvias -a día de hoy la población en la isla aún sigue siendo inferior a los máximos alcanzados antes de la hambruna-, pero también desde el punto de vista social y político la tragedia enraizó en la memoria colectiva del pueblo irlandés hasta convertirse en un punto de referencia para los movimientos nacionalistas que se multiplicarían después.

En las siguientes tres imágenes: The Temple Bar, Ha’penny Bridge y St Patrick’s Cathedral. Cada uno con su significado dentro de la ciudad que no os voy a contar para no alargar esto demasiado y, de paso, para animar al personal a venir a Dublin.

Dublin7No, no me olvido de la Guinness. Cómo iba a olvidarme si está por todas partes. La de la fotografía la tomé en un bareto dublinés que se llama The Old Storehouse y me sirvió para pasar un plato de ternera, puré de patata y veduras en salsa de Guinness: “Traditional Irish Guinness and Beef Casserole” se llamaba en la carta. Guinness hasta en la salsa. Casi exploto pero conseguí terminarlo aunque confieso que necesité una pinta más.

La cuenta se quedó en 19,95 € y a mí me pilló sin monedas para dejar propina, así que alargué un billete de 20 € mientras  pedía cambio y buscaba un segundo billete. Al levantar la vista de la cartera vi a la camarera mirándome como si estuviera delante del hombre más miserable del planeta y comprendí lo que había pasado justo en el mismo momento en el que la pelirroja ponía sobre la barra cinco relucientes monedas de un céntimo. En fin, malentendidos de bar. Cuando le expliqué que lo que quería no era la magra vuelta sino cambio con la intención de dejar propina su cara se puso del mismo color que su pelo: idéntico al de las monedillas de la discordia. Después la chica no podía parar de reír y ya me tuve que quedar un rato más. Os cuento todo esto para que veáis lo maja que es la gente de Dublín: imposible salir de un bar sin echar unas risas y dificilísimo desdoblar un plano en la calle sin que se acerque alguien para ayudarte.

Dublin8Y volviendo al asunto culinario debo decir que no he comido mal. A diferencia de Inglaterra aquí sí han incorporado el pescado y el marisco a la dieta más allá del fish&chisps. Tampoco digo que esto sea Galicia, pero vaya, tiene un pase. La capital es carilla, al menos el centro, pero es posible encontrar otras opciones. La fotografía de la derecha está tomada en la península de Howth, la que abraza por el norte la bahía de Dublín. Un buen sitio para pasear y también para comer mejillones.

Cerca de Howth, sobre un campo que a mí me pareció un híbrido entre fútbol y rugby, me hablaron del gaelic football y del hurling, los dos deportes más populares en Irlanda. No tuve ocasión de ver ningún partido en directo aunque sí por la tele en un pub de Galway, al oeste del país. El encuentro era de hurling y me explicaron que hasta hace apenas cuatro días jugaban sin ningún tipo de protección, ahora al menos llevan casco. Se utilizan palas y la pelota es similar a una de béisbol; un deporte duro de verdad en el que no se fingen las faltas: si un jugador está tendido sobre el césped no es porque se haya tirado a la piscina, es que está KO. No me extraña que los irlandeses piensen que el american football es un juego de nenazas.

DUB_GAL mapPero hasta Galway no fui para ver la tele. Galway es una de las ciudades con más vidilla de la costa atlántica y además está a las puertas de paisajes tan espectaculares como los que se ven en las siguientes cuatro fotografías.

Las dos primeras son de Cliffs of Moher, los acantilados más famosos de Irlanda y con razón; al menos yo hasta la fecha no había asomado la nariz sobre un tramo de costa tan alta y vertical como esta. Las dos siguientes están tomadas en un paraje cercano conocido como The Burren, un desierto calizo que quizá a burgaleses y palentinos les traiga a la memoria ciertos paisajes de su patria chica.

Y un poco de historia para terminar. La foto que acompaña el final de esta entrada es la de Kilmainhan Gaol, una prisión al oeste de Dublín en la que muchos revolucionarios irlandeses fueron recluidos y ejecutados. Dublin13Algunas cárceles son importantes para comprender cómo un país ha llegado hasta donde está. La de Robben Island, en Ciudad del Cabo, es una de ellas: allí pasó muchos años Nelson Mandela antes de llegar a presidir el gobierno de su país. Kilmainhan Gaol es otra de esas cárceles.

No se trataba de una visita, cuando los pobladores de la gran isla vecina llegaron a Irlanda lo hicieron para quedarse. Si hay algo que siempre se nos ha dado bien a irlandeses y españoles ha sido perder batallas contra los ingleses. Esa es una de las muchas cosas que tenemos en común y quizá por eso nos caemos tan bien mutuamente.

Tuvo que correr el tiempo hasta que los movimientos independentistas desembocaran en en la sublevación de la Semana Santa de 1916, en la conocida como Easter Rising. El movimiento fracasó y sus líderes, entre ellos Patrick Pearse y James Connolly, fueron fusilados en los muros del patio de Kilmainhan Gaol. Sin embargo aquel levantamiento fue la semilla del proceso que a lo largo de las décadas siguientes acabaría dando lugar a la República de Irlanda. Veintiséis de los treinta y dos condados de la isla quedarían adscritos al recién nacido Estado. Los otros seis, no.

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